Enseñar confianza y límites

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Una de nuestras principales preocupaciones e intereses como mamás y papás es garantizar que nuestros hijos tengan un sano desarrollo. Para conseguirlo, buscamos educarlos en un ambiente seguro y protegido. También inculcamos en ellos los valores y fomentamos las habilidades que les ayudarán a afrontar mejor los retos que encontrarán a lo largo de sus vidas con la intención de que puedan adaptarse mejor y funcionar en sociedad.

En nuestra sociedad es bien visto y apreciado que las personas, incluyendo a los niños, sean amables y sociables. Normalmente, los padres queremos que nuestros hijos sean personas de bien, esto incluye el deseo de que nuestros niños sean educados y cordiales con los demás, demostrando la educación que se les ha inculcado en casa. Dependiendo de los usos y costumbres de cada familia, promovemos que los pequeños del hogar saluden a las visitas que llegan a nuestro hogar, que aprendan a pedir las cosas por favor, y que sean agradecidos cuando visitan la casa de algún familiar o conocido.

Sin embargo, cuando tenemos hijos, también nos preocupa que alguien pueda lastimarlos y aprovecharse de ellos. Nuestra labor como padres implica desarrollar en nuestros pequeños la capacidad para protegerse de un posible abuso por parte de otras personas, sin que esto les genere una desconfianza o miedo hacia las personas que les impida desarrollarse en sociedad.

Para lograrlo, en primer lugar, es muy importante favorecer la confianza de nuestros hijos e hijas hacia nosotros, esto significa que desarrollen la certeza de que siempre contarán con nuestro cariño y aceptación incondicional hacia ellos como personas. Más allá de que podamos reprender ciertas conductas o actitudes que tengan, nuestros hijos deben tener claro que nuestro cariño hacia ellos como personas no se verá amenazado.

En segundo lugar, debemos enseñarles –y qué mejor que con nuestro ejemplo- a poner límites a los demás cuando comiencen a sentirse incómodos o molestos con alguna situación. Necesitamos favorecer que nuestros pequeños puedan identificar qué sienten, y que tengan la seguridad de hacer caso a sus emociones para decidir si algo les gusta o no les gusta. Al hacerlo, estaremos brindando la oportunidad, no solamente de protegerse de otros, sino de confiar en ellos mismos y aprender a distinguir lo que los hace felices.

Dar las instrucciones básicas a nuestros hijos sobre cómo cuidar su cuerpo, cómo proteger sus partes privadas, y qué hacer en caso de que alguien más quiera acercarse a ellos de formas que los hagan sentir incómodos, también es parte fundamental de lo que debemos hacer como padres.

Sin embargo, es importante recordar que si solamente prevenimos a nuestros hijos de los riesgos a los que pueden estar expuestos cuando interactúan con otras personas, podemos transmitirles  inseguridad y desconfianza hacia los demás. Por este motivo, nuestras advertencias siempre deben estar acompañadas de herramientas que les permitan sentirse capaces de poder resolver los peligros que pueden llegar a enfrentar.

Para concluir, vale la pena hacer hincapié en que fomentar la confianza de nuestros hijos e hijas hacia nosotros, y hacia ellos mismos, es un proceso que permanentemente debemos fomentar y para el cual no basta con expresarlo a través de palabras. La confianza es algo que se construye a través de la experiencia y que dependerá de qué tan disponibles nos perciban nuestros hijos para aceptarlos, escucharlos y atender sus necesidades.


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