Terapias

Psicología de los sueños – ¿De dónde provienen nuestros sueños?

By July 27, 2020 No Comments

A lo largo de la historia de la humanidad las personas se han intrigado por conocer algo más sobre el fenómeno del soñar. Uno se duerme, y al cabo de unos minutos u horas, comienzan a presentarse imágenes y tramas oníricas que pueden ir de lo sublime a lo angustiante, ¿de dónde surgen las imágenes que soñamos?

Muchos pensadores, filósofos y científicos han tomado a los sueños como objeto de estudio, pero pocos de ellos se asocian tan íntimamente con el tema onírico como Sigmund Freud quien, en 1900 aprovechando el cambio de siglo
publicó la que quizá sea su obra más icónica: “La Interpretación de los Sueños”.

A lo largo de su obra Freud desmenuza el fenómeno del sueño. Y aunque ya habrá oportunidad de compartir algunas otras de sus hipótesis y sus descubrimientos, en este texto abordaremos lo que Freud plantea sobre los estímulos y las fuentes del sueño.

En primer lugar, ha de decirse que para Freud el sueño (como fenómeno onírico) era guardián del dormir. Esto quiere decir que su teoría aprehende los sueños como a consecuencia de una perturbación en el dormir. No se habría soñado si algo perturbante no hubiera surgido en el dormir, y el sueño es la reacción frente a esa
perturbación.

Algunos de las perturbaciones que estimulan los sueños, y que bien pueden convertirse en fuente de sueños, son las siguientes:

Fuentes Orgánicas

Excitación sensorial exterior (objetiva):

Serefiere a cualquier estimulación ambiental de nuestros sentidos mientras dormimos. Puede ser una luz que se prende, el sonido distante de autos en la calle, o incluso el piquete de un molesto mosquito. A final de
cuentas, nuestros sentidos siguen “conectados” mientras dormimos.

Todos tenemos ejemplos de sueños en los cuales el estímulo que se comprobó al despertar y un tramo del contenido del sueño concuerdan tan bien que puede reconocerse en el estímulo la fuente del sueño. Por ejemplo, el estruendo de un trueno en la noche nos sitúa en medio de una batalla en nuestro sueño, o el sonido de nuestro despertador se figura como la campana de una iglesia en la que estamos por casarnos mientras dormimos, etcétera.

Excitación sensorial interior (subjetiva):

Cuando estamos en el proceso de quedar dormidos, o vamos despertando, es común que se presenten
percepciones interiores que llamamos alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas (según sea al ir durmiendo o
al ir despertando respectivamente).

Una alucinación consiste en la ocurrencia de una percepción sin que haya estímulo externo, y en estos casos se deben a la alteración de la consciencia que ocurre en el proceso de dormir y despertar. Estas alucinaciones, que no son patológicas, muchas veces pueden ser estímulo y fuente del sueño al igual que las percepciones objetivas que ya mencionamos antes.

Estimulo corporal interno (orgánico):

Una tercera fuente de estímulos durante el dormir que Freud identifica como influencias del sueño es la percepción interna del cuerpo. Con esto se refiere a las sensaciones de dolor, la dificultad para respirar, la posición del cuerpo mientras dormimos, etc.

Por ejemplo, los enfermos del pulmón sueñan con ahogos, opresiones, huidas, y en número notable están expuestos
a pesadilla por el estilo. La influencia de la excitación sexual sobre el contenido de los sueños es bien notoria en la
experiencia de todos los individuos. ¡O quién no ha soñado que finalmente hace del baño en su sueño teniendo desastrosos resultados en la realidad!

Hasta aquí llega Freud en la descripción de las fuentes orgánicas de los sueños.

Resumiendo, básicamente se refiere a cualquier perturbación fisiológica que acontece durante el dormir y que
la psíque traduce o figura como imágenes y tramas oníricas que repercuten en nuestros sueños.

Argumentos contra las explicaciones puramente fisiológicas

Freud se distingue de otros médicos y psicólogos de la época en cuanto le parece absolutamente insuficiente esta explicación para comprender la complejidad del sueño. Es decir, para Freud no basta identificar y reconocer el estímulo orgánico al que responde el sueño, pues una doctrina de este tipo es incapaz de indicar motivo alguno que regule la relación entre el estímulo exterior y la representación onírica escogida para interpretarlo.

Por ejemplo, supongamos a una pareja que comparte cama y ambos oyen a la distancia la alarma de un auto mientras duermen. En primer lugar, hay un “error” en la interpretación del estímulo pues rara vez se figura tal cual en el sueño y sufre una transformación.

En segundo lugar, cada uno figura el ruido de la alarma de modo enteramente distinto, mientras para uno puede ser el ruido de un robot que se le aparece, al otro le puede ser presentado en su sueño como el ladrido de un perro, ¡o quizá ni siquiera figurarse en su sueño!

Por lo tanto, podemos conjeturar que la estimulación fisiológica que sobreviene durante el dormir desempeña sólo un modesto papel en cuanto fuente de los sueños. Y más aún, que hay otros procesos más significativos en la formación de estos, que el mero acto reflejo neuronal al dormir. Freud añade una fuente más, revolucionaria en su
época, los estímulos psíquicos.

Fuentes psíquicas del estímulo:

Las personas soñamos con aquello que nos sucede mientras estamos despiertos y que capta nuestra atención en el día. Por ejemplo, los planes que tenemos para el día siguiente pueden aparecer en nuestros sueños, o las preocupaciones con las que dormimos pueden inducir una continuación durante el sueño.

Freud nota que no se atribuye valor solamente, como en la vigilia, a lo más significativo sino también a lo más indiferente, a lo más insignificante del recuerdo. Explica que dichos elementos son especialmente útiles, por la poca carga afectiva que aún tienen, para asociarse con otros elementos de mayor significatividad para el sujeto soñante y así se prestan como sustitutos en el sueño de representaciones más profundas.

A estos procesos de sustitución y de aglomeración de elementos de distinta carga afectiva, Freud los denomina desplazamiento y condensación. Son los dos procesos psicológicos más importantes en la formación de sueños, aunque este será tema de otro artículo.

Nuestros recuerdos son una de las principales fuentes de estímulo de los sueños, especialmente los recuerdos infantiles que también aparecen desplazados o condensados, es decir de algún modo disimulados. Freud
añade sobre la memoria: “nada de lo que hemos poseído alguna vez en el espíritu puede perderse del todo”.

Junto con el recuerdo de lo indiferente, y de lo infantil, Freud añade como estímulo psíquico del sueño los acontecimientos de la víspera de la noche. Las vivencias del día previo al sueño son especialmente importantes como precipitantes del fenómeno onírico, pues hacen eco en deseos más profundos y los convocan para generar un
sueño que permita expresarlos.

En el párrafo anterior destacamos dos puntos clave: 1) los sueños expresan deseos profundamente arraigados que
encuentran un cumplimiento “disfrazado” en nuestros sueños, y 2) las vivencias recientes los evocan inconscientemente como si determinadas vivencias actuales reprodujeran fragmentos de las melodías sofocadas en lo inconsciente, y así se vieran vinculadas por asociación.

Resumiendo hasta aquí, Freud encuentra que los sueños tienen como función la expresión y descarga de deseos
inconscientes que se ven cumplidos en el sueño, aunque de manera “disfrazada”. La condensación y el desplazamiento son los modos predilectos del sueño para desfigurar dichos deseos inconscientes.

Dicho trabajo de 1) expresión de deseos, y de 2) desfiguración onírica toman sus elementos de los distintos estímulos a los que estamos expuestos durante el dormir.

Por lo tanto los elementos o “ladrillos” con que se construye el sueño pueden provenir de estímulos orgánicos internos o externos, así como de la estimulación psicológica que continúa durante el dormir como la memoria reciente y antigua, por ejemplo. Sin embargo, dichas fuentes del sueño no explican por sí mismas el fenómeno onírico, sólo facilitan identificar qué pudo precipitar un sueño en vez de otro.

En realidad, es la combinación de dichos elementos, guiados por la necesidad de expresión de un deseo inconsciente, y el esfuerzo de desfiguración (censura) al que es sometido dicho material, lo que da como resultado un determinado sueño.

Así, el trabajo de interpretación requiere llegar hasta el deseo inconsciente que pujó por expresarse, aunque fuese de modo desfigurado.

Freud desarrolló una técnica y teoría que permiten reconstruir el sentido de nuestros sueños a través de las pistas que deja su construcción, y del entendimiento del funcionamiento inconsciente de la mente humana. De eso, y varias cosas más, trata su libro “La Interpretación de los Sueños”.