Ryszard Kapuscinski – Análisis de su carácter (2/4)

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Segunda Parte del análisis del carácter de Ryzsard Kapuscinski.

Continuación (para leer la 1° parte del trabajo haz click aquí)

Para no dejar en suspenso al lector, antes de hacer el análisis de este fragmento de las memorias de Kapuscinski, adelanto el desenlace de la escena: El oficial superior de la brigada ordena la retirada de sus hombres y el incidente relatado no pasa a mayores. Sin embargo, ahora la mamá sabe que debe reunirse con su esposo en Varsovia.

Este relato, que bien podría ser verídico dado el contexto de la guerra, no lo es por completo. Y no lo afirmo únicamente porque resulte claro que se trata de un recuerdo encubridor por parte de Kapuscinski, es decir, una reconstrucción disfrazada de la escena primaria, de la visión y/o interpretación del intercambio sexual entre sus padres. Lo afirmo porque a través de diversas fuentes, Artur Domoslawski –biógrafo del reportero polaco- confirma que estos sucesos nunca ocurrieron.

En el relato de la primera noche, el autor nos hace saber que su padre apareció en casa. La familia imaginaba lo peor ante los rumores de su captura por los soviéticos. El pequeño Rysiek apenas da crédito a su vuelta, no lo reconoce. Sus padres yacen juntos esa noche y mantienen relaciones sexuales, quedando él y su hermana excluidos del encuentro.

En la segunda noche que relata el autor, existe una descripción de la violencia ejercida por los soldados –el padre era soldado– del régimen soviético contra su madre –interpretación del coito como un acto agresivo-. Hay soldados con fusiles –elemento fálico– amenazando la integridad de la familia, golpes que casi derrumban las puertas y ventanas –escena primaria– y la descripción del arrebato de la hermana, poseída por una furia loca –proyección de su propio impulso agresivo– quien se abalanza contra el soldado que agrede a la madre y amenaza con apartarla de ellos –representación del padre-.

Cualquier psicoanalista que escuchara este relato de alguno de sus pacientes después de haber confesado ser testigo del encuentro sexual de sus padres, podría afirmar que se trata de una serie de figuraciones que dan luz sobre la reacción del paciente ante la escena primaria. En el caso de Kapuscinski hemos destacado algunos elementos, que en el marco de su desarrollo edípico, hacen posible identificar sus angustias. Angustia ante la castración, angustia ante la propia agresión que puede provocarla, deseo y temor ante el incesto.

En realidad, Józef nunca fue capturado por los soviéticos, así que ni el escape ni el intercambio de ropas con un campesino sucedió, esto será importante más adelante cuando se exploren los mecanismos de identificación utilizados por el autor a lo largo de su vida. Por otra parte, el padre sí regresó a Pinsk fugazmente tras desintegrarse el batallón al que pertenecía que había perdido su posición frente al ejército rojo, y visitó a su familia brevemente antes de huir hacia Varsovia, ya tomada por los alemanes, con la intención de buscar un sitio seguro para que su familia lo alcanzara ahí. Los alemanes perseguían a los judíos, y bajo su ocupación, los Kapuscinski corrían menos peligro que con los soviéticos, quienes tenían una agenda nacionalista.

¿Por qué razón Kapuscinski recuerda de este modo los sucesos en relación a su padre? En su recuerdo, coloca al padre en una situación de peligro de muerte todavía mayor a la que enfrentó, sin duda que estaba en riesgo al ser oficial del ejército polaco durante la resistencia a Stalin, pero ser capturado y enviado a Katyn, donde hubiera perecido junto con los miles de oficiales polacos de no haber escapado haciéndose pasar por campesino, añade dramatismo y peligro a la situación del padre.

El extracto del relato sobre la visita del padre y de los soldados soviéticos aparece en su libro El Imperio, escrito hasta 1992 cuando Ryszard ya contaba con 60 años. Es muy probable que en la memoria del Kapuscinski adulto, quien fuera un aguerrido activista del partido comunista polaco durante su juventud, mezclara en su memoria sus deseos inconscientes con la historia verídica del suceso.

Bajo la presión edípica de deshacerse de su padre para poder quedarse con la madre él solo, el autor se identifica tanto con los ejecutores soviéticos, como con su padre. Con los primeros a través del lazo comunista entre ellos y el deseo de matar al padre –además de que él mismo llegará a ser oficial militar-, y con el segundo, como víctima bajo amenaza de ser eliminado por el atroz aparato de poder patriarcal de Stalin. Esta identificación con el agresor y con las víctimas de los regímenes totalitarios, se repetirá a lo largo de los viajes de Ricardo, como se traduce su nombre al español y era conocido en Latinoamérica.

La guerra, sin lugar a dudas, amenaza la vida de Kapuscinski y su familia, la realidad y el ambiente con el que se enfrenta son aterradores por sí mismos. Si se añade el peligro percibido por la presión pulsional agresiva e incestuosa, sin duda el aparato psíquico del futuro escritor, habría de tomar medidas extremas para mantener a raya la angustia, poder sobrevivir y adaptarse en aquel entorno hostil.

Recordemos a Wilhem Reich, quien en su libro sobre el Análisis del Carácter nos dice: “Si remontamos el análisis del carácter al periodo de la formación definitiva del carácter, esto es, a la fase edípica, encontramos que el carácter se formó bajo la influencia del amenazante mundo exterior y de los impulsos instintivos que luchaban por su expresión.” (Reich, 1983 pp. 171)

Retornando a la explicación del mecanismo contrafóbico para dar cuenta de los constantes riesgos tomados por este reportero a lo largo de su vida, también se hace evidente un segundo peligro que se intenta controlar de este modo, el peligro percibido por la posible expresión y descarga del  impulso sexual y agresivo. “La situación fóbica constituye una tentación para las pulsiones instintivas. La angustia surge solamente ante el veto del mundo externo o del superyó. El anhelo originario puede reaparecer.” (Fenichel, 2009 pp.536)

Las guerras, que si bien representaban un peligro real y externo, también representaban para Kapuscinski la ocasión para repetir activamente, una situación vivida en la infancia de manera pasiva –reacción contrafóbica-, no sólo en relación al conflicto armado, sino principalmente en relación al conflicto edípico, la emergencia de su agresión y la angustia de castración por el deseo incestuoso.

“Los caracteres fálicos son personas cuya conducta es temeraria, resuelta, segura de sí misma, rasgos que son, empero, reactivos… a un temor a la castración.” (Fenichel, 2009 pp. 553)

La familia permaneció en Pinsk mientras duró el invierno, lo contrario hubiese sido un suicidio. El clima en aquella región del planeta es extremo, y alcanza temperaturas de hasta 30° bajo cero. El viaje se hizo hasta mayo, y debieron rodear la zona de guerra para burlar la frontera entre la Polonia soviética y la Polonia alemana.

Ya en Varsovia se encontraron con el padre, quien siguió en la lucha armada formada por polacos que ahora funcionaban como guerrillas, dato por demás interesante porque estas serán objeto de gran interés y admiración para Kapuscinski durante sus viajes por el mundo, en sus libros La Guerra del Fútbol y Cristo con un Fusil al Hombro, publica excelentes reportajes que describen la situación vivida por los guerrilleros, y es clara la profunda admiración que el periodista siente hacia sus líderes, y hacia sus valores e ideales, asunto que se abordará más adelante.

María retomó las actividades de enseñanza, y fue acompañada por periodos más o menos largos de tiempo en los que Józef no estuvo involucrado en las actividades de resistencia. En esta época la familia intentó llevar una vida cotidiana lo más normal posible, el día de Ryszard se iba entre atender a la escuela, intentar conseguir comida o dinero, y estar en su casa o con sus vecinos. Sin embargo, la muerte inundaba el panorama, fue testigo de ejecuciones, de persecuciones, deportaciones, y de cadáveres a los que el sacerdote de la iglesia, donde él era acólito, bendecía.

Todos estos últimos acontecimientos vividos por los Kapuscinskis sucedieron en medio de la zona de conflicto entre Alemania y Rusia, naciones que protagonizaron el principal frente de guerra de toda la 2° Guerra Mundial cuando Hitler, a través de la Operación Barbarroja, traicionó el pacto de no agresión firmado con Stalin y en 1941 lanzó una masiva operación militar para invadir la Unión Soviética.

Para poder tener una idea de la escala de la guerra entre ambas naciones, basta decir que el 80% de las bajas militares alemanas se dieron en este frente. La Unión Soviética perdió casi 9 millones de soldados, y se estima que las víctimas civiles alcanzaron más de 20 millones de personas. Cabe insistir en que Polonia se encontraba justamente entre ambas naciones, y que en su territorio se pelearon muchas batallas ajenas a sí.

El final de la guerra llegó en 1945 con el acuerdo firmado entre Stalin, Roosvelt y Churchill en la Conferencia de Yalta. Entre las resoluciones se determinó la liberación de los países ocupados durante la guerra, entre ellos Polonia, y la realización de elecciones en dichas naciones. Esta Conferencia, también marcó el inicio de la Guerra Fría, caracterizada por la lucha entre EUA y la URSS por la influencia y dominio político, económico y militar en el mundo.

Kapuscinski relata así lo que para él representó el final de la guerra: “Durante mucho tiempo pensé que aquél era el único mundo, que no había otro, que la vida era así… Por eso, cuando callaron los cañones y dejó de oírse el estruendo de las bombas, cuando de pronto se hizo el silencio, ese silencio mi pilló por sorpresa, no sabía lo que significaba… yo no recordaba lo que era la paz, era demasiado pequeño para recordarla: cuando se acabó la guerra, yo no conocía más que el infierno.” (Nowaka, 2010 pp. 37)

La familia Kapuscinski se quedó a vivir en Varsovia, ocuparon una casa en un barrio que el gobierno Finlandés reconstruyó para ayudar a Polonia tras la devastación. El 80% de la ciudad estaba afectada por los estragos de la guerra. Ryszard continuó estudiando, su padre se reincorporó a dar clases, pero su madre ya no retomó sus actividades laborales.

De esta época de la vida del autor de libros como “Un día más con vida”, se sabe que comenzó a practicar deportes. Primero fue el box, en el que llegó a ser el subcampeón juvenil de Varsovia en su categoría, posteriormente lo dejó porque le apasionaba más el fútbol, sin duda ambas actividades permitieron a Kapuscinski descargar de forma recreativa su agresión, junto con esto, la actividad física se volvió una parte importante a lo largo de su vida, algo que sin duda ayudaría más adelante al desempeño de su labor como reportero bajo las condiciones físicas más extremas.

Durante su adolescencia comenzó a interesarse por la escritura, le gustaba la poesía y escribía piezas que llamaron la atención de sus profesores de literatura, uno de ellos lo animó para que mandara su trabajo a una revista literaria de la época. Tras unos pocos meses, sus primeros poemas fueron publicados, alentando a su autor a continuar sumergiéndose en la literatura, participando en clubes de lectura, círculos de poesía y de debates que eran organizados en la época por la Unión de Juventudes Polacas, el organismo juvenil del partido gobernante de Polonia.

Este acercamiento a la literatura y a la UJP resultó ser un elemento clave en la carrera de Kapuscinski, pues en el contexto de la Polonia de la posguerra, le abrió la puerta del periodismo muy temprano en su vida. En 1950, a los 18 años y recién iniciando la carrera de historiador en la Universidad de Varsovia, le ofrecieron un puesto en una nueva revista, el Sztandar Mlodych (Estandarte de los Jóvenes), la revista oficial de la UJP que tenía la intención de propagar los contenidos ideológicos del Partido entre los jóvenes.

Ryszard, cumplía el perfil que buscaban los encargados de la publicación, era un joven con talento literario, miembro activo del Partido desde hacía un par de años, y compartía la visión de que el socialismo era el mejor camino para sacar adelante al país. ¿Cómo entender que este joven apoyara la causa soviética cuando apenas unos años atrás había sufrido, junto con su familia, el infierno de la guerra contra el ejército rojo?

El mismo autor escribió al respecto muchos años después “Para nosotros, unos niños todavía, la manera de discurrir era así de sencilla: si Hitler había combatido el bolchevismo, este debía ser algo bueno, algo digno de apoyo. He aquí cómo se producía la identificación con el bolchevismo, cosa que los nacidos más tarde no pueden comprender”. (Domoslawski, 2010 pp. 87)

A partir de dicha explicación que el autor de “Los viajes con Herótodo” hace en retrospectiva sobre su afiliación política con el socialismo, podemos ejemplificar otro de sus aspectos caracterológicos importantes. La identificación con el lado de los buenos, en contraste con la maldad de Hitler, pudo servir a Kapuscinski para aliviar la angustia sentida por poseer, dentro de su self, aspectos “malos” y reprobables por su superyó. Identificarse con las causas justas y ajustadas a las demandas de sus ideales, funcionó a lo largo de su vida como un medio para obtener gratificaciones narcisistas que aliviaran la culpa y crítica superyóica.

Fenichel explica el proceso del siguiente modo: “Un niño asustado necesita, ante todo, afecto externo, o más bien suministros narcisísticos para ser menos desvalido y sentirse más cercano a la omnipotencia…. necesita de un principio “bueno”, para luchar contra la angustia “mala” que tiene dentro de sí: es la introyección.”

Este mecanismo se repite a través de la historia personal de este famoso corresponsal de guerra, y aunque más adelante en el texto se volverá a tratar sobre este tema con otros ejemplos, por ahora basta tenerlo en cuenta para entender mejor el intenso activismo político que marcó la juventud de Kapuscinski.

Además es posible pensar que la angustia “mala” de la que hablaba Fenichel, y de la que Ryszard se defendía de este modo, estuviera relacionada con la agresión hacia la imago del padre y el miedo a la retaliación de este, angustias despertadas una vez más durante la adolescencia por la reedición edípica y sus respectivos impulsos y deseos.

Para comprenderlo de este modo, recordemos que su padre siempre fue un ferviente nacionalista polaco que luchó contra el ejército rojo y fue crítico del régimen socialista del país toda su vida. Al tomar partido por la política soviética, Kapuscinski se enfrenta a su padre, pues este no puede entender que su hijo sea miembro del partido comunista, que representa al ejército que él combatió y que amenazó su vida. El hijo se identifica con los ideales del enemigo de su padre, llevando la disputa edípica al terreno de la política.

El distanciamiento ideológico respecto al de sus padres también puede pensarse como parte del proceso del adolescente por consolidar su individualidad, característica destacada por la psicoanalista Arminda Aberastury como parte de los desafíos de la adolescencia. En este mismo sentido, el niño que recién había sido un católico practicante como su madre, ahora era un adolescente ateo y pro socialista que escribiría en una revista de la UJP.

Por supuesto que sería injusto no tener en cuenta el contexto histórico y político de la época para comprender las identificaciones de Kapuscisnki. En Polonia, el periodo de posguerra estuvo marcado por la influencia que la URSS tuvo sobre el país. Tras la 2° Guerra Mundial y los acuerdos alcanzados entre las potencias mundiales durante la Conferencia de Yalta, el ejército rojo de Stalin fue el encargado de supervisar la retirada nazi del territorio polaco. Polonia ganó territorio en su frontera occidental con Alemania, pero perdió en la oriental con la URSS, en total redujo su extensión 20%.

Con el ejército soviético en su territorio, y el gobierno de Stalin ayudando a organizar el nuevo Estado polaco, la influencia del comunismo fue evidente cuando se llevaron a cabo las elecciones “libres” para que los polacos eligieran a su nuevo gobierno. En Polonia se formó el Partido Obrero Unificado de Polonia que gobernaría bajo la influencia de Stalin.

Como resultado de las elecciones –de las que se dice que fueron muy poco transparentes- el POUP ganó 423 de 460 lugares en el Congreso y su líder Boleslaw Bierut fue nombrado Primer Ministro del país. Para la Unión Soviética era fundamental que Polonia formara parte de su zona de influencia a nivel regional en el marco de la Guerra Fría.

El régimen recién establecido no permitió la protesta, encarcelaba a los opositores, ejecutaba a los enemigos del gobierno -aliados de occidente-, y deportaba a Siberia a todo aquel que alzara la voz contra el nuevo gobierno, incluso una broma o chiste sobre el comunismo o Stalin que fuera denunciada ante las autoridades, era razón suficiente para recibir un castigo ejemplar. El régimen polaco pudo callar pronto la resistencia inicial que enfrentó gracias a reformas agrarias y obreras, no podemos olvidar que Polonia seguía siendo un país principalmente agrícola y con una industria pobre y devastada tras la guerra, el apoyo a ambos sectores por parte del Estado, garantizó el apoyo de esto sectores.

Además el gobierno polaco, apoyado por su similar  soviético, echó a andar una poderosa maquinaria estatal que tenía presencia y representación –así como control- sobre todos los ámbitos de la vida pública del país. Se realizó una exhaustiva campaña al interior de Polonia, la propaganda de la época hacía énfasis en la “hermandad” entre ambas naciones, y toda forma de expresión artística o cultural comenzó a ser supeditada a la construcción del socialismo en Polonia.

Esto incluyó la formación de una extensa red de comités del POUP que buscaban atraer a sus filas a los más jóvenes, la Unión de Juventudes Polaca. Fue a través de esta que Kapuscinski se integró al partido a sus 16 años y fue un miembro activo hasta la década de los 80. La integración a los comités de la UJP era de lo más común entre los jóvenes universitarios de la época. En su generación había un espíritu de cambio, de enojo y decepción hacia las generaciones anteriores que habían llevado a Polonia al estado de guerra en el que ellos habían crecido, y en el marco de las actividades del partido, había la certidumbre de que ellos podrían cambiar el orden mundial para hacer cambios que llevaran hacia una sociedad más justa.

Kapuscinski era un líder bastante enérgico en los comités en los que participaba dentro del Partido y durante su servicio militar, donde fue ascendido a soldado de primera gracias a su entrega y a su buena forma física, se dice que tomaba muy en serio la instrucción militar y que generaba cierta antipatía entre sus compañeros por su actitud mandona.

En los comités del POUP detestaba a los compañeros que consideraba que solamente buscaban hacer carrera política, pero que no veía involucrados en las actividades del partido. Regañaba a sus compañeros, amenazaba con expulsarlos del Partido, etc. Esta conducta fue reflejada en las evaluaciones que se hacían sobre los miembros mayores del partido, decían:

“Muestra actitudes incorrectas hacia los camaradas del Partido de primer curso… tiene un estilo poco colectivo a la hora de dirigir la organización de la facultad, debido sobre todo a una falta de confianza en la gente en el colectivo… acepta de mala gana las críticas; dosis de autocrítica insuficientes… fanfarronadas de adolescente y actitudes izquierdosas…” (Domoslawski, 2010 pp. 84)

Como puede apreciarse a través de las críticas de sus superiores, el joven periodista no toleraba bien la crítica, y en la consecución de sus ideales podía ser soberbio y agresivo. De nuevo podemos apreciar uno de sus rasgos de carácter más importantes, que le permitió manejar y descargar su agresión, la racionalización: “Las actitudes emocionales se transforman en lícitas a condición de que puedan justificarse como ‘razonables’… evita darse cuenta de que, en realidad, se halla bajo la presión de un impulso instintivo.” (Fenichel, 2009 pp. 542)

Es interesante pensar que mientras Kapuscinski decía que detestaba la confrontación, pasó la mitad de su vida asistiendo como testigo de confrontaciones a lo largo y ancho del mundo, él mismo se vio involucrado en episodios en los que tuvo que disparar contra soldados de los bandos contrarios a los que él acompañaba durante sus expediciones en los frentes de batalla. Por un lado, la adaptación a la situación extrema ante la que se encontraba, y por otro las racionalizaciones de sus acciones a favor de su profesión, su deber ético y su rol de portavoz de los menos favorecidos, justificaban para sí mismo la agresión de la que debía participar.

Fue durante la carrera de historiador que conoció a Alicja Zojka, su esposa desde 1952 hasta su muerte en el 2007. Se casaron en el registro civil en compañía de Józef y unos pocos amigos. María, la madre de Ryszard, no aceptó su matrimonio y decidió no asistir a la boda, esta se había precipitado porque Alicja esperaba un hijo. Los padres de ella fueron invitados a la boda hasta el último momento con la intención de que no pudieran asistir –vivían en una provincia fuera de Varsovia- para evitar un posible conflicto entre las familias.

Alicja pidió un permiso en la universidad para retirarse a casa de sus padres en Szczecin y tener a Sofía, la única hija que tuvo el matrimonio, en mayo del 53. Al nacer su hija, Ryzsard fue a conocerla y estuvo unos días con ellas, pero el primer año vivieron separados, él continuaba sus estudios, su trabajo como periodista en el Sztandar Mlodych y sus actividades dentro del Partido en la ciudad. La sucesión entre separaciones y reencuentros, marcaría la dinámica del matrimonio durante el resto de sus vidas, pues una vez que Kapuscinski comenzó su labor como corresponsal en el extranjero, pasaba largos periodos de meses y años lejos de su familia.

El matrimonio entre los dos  funcionaba según los parámetros de la sociedad en la que vivían, cuando finalmente pudieron vivir juntos en un departamento que el gobierno proporcionó a Ryzsard, ella se dedicó a las tareas del hogar mientras él trabajaba en su estudio. Él no toleraba que lo distrajeran mientras escribía, y enfurecía cuando el silencio se veía interrumpido, Alicja hacía lo posible por mantener en silencio su hogar.

Por otro lado, y como reflejo del nivel cultural de la familia, Ryzsard insistió en que su esposa culminara una carrera, e inclusive la apoyó en la decisión de dejar la carrera de historia para cambiarse a la de medicina, la profesión que ella siempre había querido, pero que por distintos motivos, no había podido estudiar desde un inicio.

Kapuscinski siempre tuvo mucho éxito con las mujeres, desde su época de estudiante gozaba de popularidad entre sus compañeras y a lo largo de su vida tuvo muchas amantes. De acuerdo con sus amigos, sólo con una de ellas tuvo una relación larga y emocional, con ninguna otra duraría más de tres meses. Alicja sabía de las aventuras de su marido, y aunque en entrevistas recientes admite que eso la lastimaba, dice que dejaba de dolerle cuando descubría, que a pesar de todo, él se mantenía a su lado. Para Alicja, ella era la mujer más importante para su esposo.

“Mujer es espera. De ahí la máxima encarnación de esta actitud: Penélope.” (Domoslawski, 2010 pp. 358)

Esta es una cita del libro Lapidarium III, parte de una colección de cuatro libros que Kapuscinski publicó, con textos fragmentarios, pensamientos e ideas sueltas sobre muchos temas. Penélope es el personaje del poema épico de Homero que espera más de 20 años el regreso de su esposo, Odiseo. La elección de pareja de Kapuscinski es determinada en gran medida por la imago materna que forjó durante su infancia. Alicja, así como María, fueron dos mujeres que esperaron pacientemente el regreso de sus esposos, basta recordar la anécdota que Ryzsard relata sobre el regreso de su padre durante la guerra.

Si en la mente de este trotamundos, la esposa representa a la madre, es probable que a ello se debiera su constante búsqueda de otras parejas sexuales. Debido a que sólo tuvieron un hijo a lo largo de su matrimonio, es posible inferir que la sexualidad con Alicja fue pobre y escasa, posiblemente ante la angustia que representaba para él la fantasía de incesto.

Fin de la segunda parte del trabajo.


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