Ryszard Kapuscisnki – Análisis de su carácter (3/4)

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Tercera Parte. Continuación del trabajo sobre el análisis de carácter de Ryszard Kapuscinski.

Para leer la primera parte haz click aquí.

Para leer la segunda parte haz click aquí.

Durante los primeros años de su trabajo como periodista, a Kapuscinski le asignaron la publicación de artículos sobre Polonia. El tono de sus primeros textos era totalmente fiel a la propaganda socialista que seguía la mayoría del periodismo de la época. La censura era particularmente fuerte en los medios de comunicación, y había un órgano estatal conocido como el Comité Central que se encargaba de autorizar o censurar todo lo que se publicaba. ¿Cómo podría sobresalir un periodista en esa época en Polonia?

Kapuscinski lo hizo llevando al límite la censura, haciendo buenas relaciones con sus colegas, con sus superiores, y con los encargados del órgano censor del Estado, no entrando en una confrontación directa, sino indirecta. Por ejemplo, primer texto periodístico con repercusión a nivel nacional de Ryzard, fue una dura crítica sobre el Nowa Huta, que era un barrio construido en las inmediaciones de Cracovia, insignia del socialismo polaco que se hizo con la intención de ser una comunidad socialista utópica.

18.06.1997

Su publicación se dio en 1955, dos años después de la muerte de Stalin, y en plena época conocida como el “Deshielo Polaco”, el ambiente político del país estaba liberándose de la influencia soviética. El entusiasmo con el que Kapuscinski, y otros polacos habían recibido al socialismo, había cedido su lugar a una decepción por los pocos resultados que se observaban en Polonia.

Por otra parte el Sztandar Mlodych tenía una nueva editora en jefe, de apellido Taralowa, quien era una mujer muy bien conectada con las autoridades del Comité Central, y que además promovía un periodismo mucho más libre. El artículo que se pidió a Ryzsard tenía la intención de defender Nowa Huta de las críticas de las que había estado siendo blanco, se denunciaban condiciones de vida infrahumana y la decadencia del socialismo.

Kapuscinski viajó al sitio y escribió un artículo donde retrataba la cruda realidad en la que vivían los obreros de dicha ciudad, fue el único artículo de los que se escribieron en medios oficiales que fue crítico y que denunciaba lo que allí sucedía, pero el tono era conciliatorio y escrito desde una postura en la que llamaba al Estado socialista a volver a poner al obrero en el centro de su ideología.

Para conseguir que lo publicaran, organizó a sus compañeros de la revista y les compartió su artículo, unidos exigían que fuera incluido en el siguiente número, a su jefa la convenció argumentando que él mismo negociaría con el órgano de censura –tenía un ex compañero universitario en el CC- y consiguió, ante dicha instancia, que se aprobara su inclusión en la revista.

En cuanto el artículo fue publicado, levantó muchísima polémica, no era nada común leer un texto como aquel en la época. Esta decisión originó el cese inmediato de Taralowa y del delegado del Comité Central que había aprobado la publicación. Kapuscinski huyó a Nowa Huta donde fue escondido por los mismos obreros de los que hablaba en el artículo porque las autoridades lo amenazaban con mandarlo a prisión.

Sin embargo, la facción del POUP que comenzaba a oponerse a su propia directiva, salió en defensa del artículo. Se ordenó una comisión que revisara el caso Nowa Huta y tras unas semanas de supervisión se llegó a la conclusión de que había corrupción y negligencia por parte de las autoridades de la ciudad, no solamente se ofreció el perdón a Kapuscinski, sino que a sus 23 años de edad se le condecoró con la Cruz de Oro al Mérito. Este desenlace catapultó la carrera de Kapuscinski.

Este ejemplo sirve como punto de partida para analizar otro rasgo caracterológico del autor que le permitió “salirse con la suya” en varias ocasiones y lograr publicar textos que normalmente habrían sido censurados. Quizá en el caso del artículo sobre Nowa Huta, el contexto y la suerte jugaron un papel tan importante como la determinación de Kapuscinski por publicar su texto, pero el lector podrá comenzar a hacerse una idea del método indirecto por medio del cual lograba su objetivo. No había una confrontación directa, un rompimiento rotundo, sino que el manejo de los conflictos se resolvía por una vía intermedia.

 “Originariamente la terquedad significaba solamente resistencia, mantener la voluntad propia contra la de otro… y más tarde aún (puesto que las fuerzas enemigas son superiores), salirse con la suya de manera indirecta, no por la fuerza sino por el engaño, que es el moEl Emperador - Kapuscinskido en que el débil puede inesperadamente ser fuerte.” (Fenichel, 2009 pp. 319)

Un ejemplo más claro de este mecanismo se puede observar con la publicación de su libro más conocido y galardonado “El Emperador”, un reportaje y ensayo sobre el poder en decadencia del rey de Etiopía Haile Selassie. El texto, que ironiza y muestra el absurdo del poder de un monarca africano, fue bien recibido y e inmediatamente autorizado por el Comité Central en 1978.

Kapuscinski relata lo sucedido después:

 “…empezó a decirse que era una descripción estupenda de Gierek y de todo nuestro Comité Central. En la redacción temían que eso trajera algún disgusto y empezaron a preguntar: ¿qué textos son estos? Teóricamente son sobre Etiopía, pero en el fondo no demasiado…

Después en Polonia a nadie le quedaron ya dudas de que el texto hacía alusión al régimen imperante.. Y como todas mis entregas tenían ya el sello de la censura, la editorial no tenía que preocuparse por nada…Y de ese modo el libro fue publicado.” (Nowaka, 2010 pp. 258-259)

Finalmente, un ejemplo más fue la negativa de Kapuscinski para contribuir con los servicios de inteligencia polacos y soviéticos durante sus misivas africanas y americanas. Una práctica común del régimen socialista polaco era contactar a personalidades como Ryzsard para que dieran información sobre los países en los que se encontraban.

Cuando el expediente sobre Kapuscinski salió a la luz apenas en 2009, causó gran controversia porque parecía comprometer al recién fallecido escritor, pero el contenido del expediente consiste básicamente en referencias a las justificaciones que puso el periodista sobre sus demoras en los informes, y la constatación de que la información que brindaba era un resumen de las notas que enviaba a la Agencia de Prensa Polaca (PAP). Kapuscinski nunca se negó a reunirse con los agentes del servicio secreto polaco, nunca se negó a contribuir con información, pero también es cierto que nunca brindó la información que específicamente se le pedía.

Muchas ocasiones más Ryzsard haría gala de sus habilidades diplomáticas  e interpersonales para conseguir permisos, publicaciones, zafarse de problemas e incluso salvar la vida. Mucho más adelante en su historia, durante su primer año en Latinoamérica, conseguiría que el mismo Salvador Allende lo librara de ser deportado de Chile por un artículo en el que señalaba que había indicios de que pronto habría un golpe de estado en aquel país. Un suceso así podría haber truncado su carrera internacional, pues ser enlistado como visitante non grato en un país, le habría cerrado las puertas para ser recibido en cualquier otro.

En otra ocasión, tuvo acceso a la isla de Zanzíbar cuando estalló la guerra civil en aquel país, siendo uno de los dos únicos reporteros que pudieron cubrir la nota en todo el mundo. El nuevo régimen que había tomado el control de la isla, disparaba contra todo barco o avión que se acercara a la zona.

Zanzibar

El periodista polaco consiguió el permiso de entrada gracias a su contacto y amistad años atrás, durante su estancia en Tanganica, con el guerrillero que había dado el golpe de estado en Zanzíbar. Y después consiguió un lugar en la avioneta de la Agencia Francesa de Noticias –él mismo no tenía presupuesto- al negociar con su colega francés el permiso de entrada que Kapuscinski había conseguido previamente.

Kapuscinski supo manejarse en todos los ambientes en los que vivió, su capacidad para adaptarse fue impresionante, tuvo que aprender a hablar inglés, español y portugués para poder comunicarse con las personas de los lugares a los que viajaba. En Chile aprendió español al cabo de sólo tres meses, según él estudiaba 18 horas diarias. Durante sus viajes tenía que escribir diariamente crónicas, notas y reportajes para la Agencia de Prensa Polaca, institución para la que trabajó a partir del año de 1962, además Kapuscinski gustaba de escribir sus propios textos, que más adelante serían el material de sus libros, en los que comenzó a desarrollar su propio estilo, mucho más literario que periodístico.

Además de la adaptación al entorno, clima y cultura, el reportero establecía relaciones con las personas de cada país y ciudad que visitaba. Sin duda tenía que ser una persona encantadora y carismática, su trabajo como reportero dependía por completo de esto, pues solamente así conseguía acceso a la información. También debía ser una persona con mucha determinación e inclusive obstinación para lograr sus objetivos. Considero que hay una variedad de rasgos obsesivos de carácter, útiles para llevar a cabo su trabajo como periodista y escritor.

Para retomar la historia de vida del ganador del Premio Príncipe de Asturias a la Comunicación en 2003, debemos volver a 1956, un año clave en la historia de Polonia. En dicho año, el primer ministro Bierut murió inesperadamente en Mosú, este hecho desencadenó la desestabilización del POUP y las distintas corrientes comenzaron a luchar por el poder. Además comenzó a haber mayor tolerancia a la crítica y una reevaluación del papel de la URSS en Polonia. Había una fuerte inclinación, compartida por Kapuscinski, por que Polonia siguiera un socialismo nacional y dejara el modelo Ruso.

El levantamiento en Poznan de un grupo de habitantes y obreros llevó a una terrible matanza de civiles por parte del Estado, situación que enardeció a la población de otras regiones. Durante todos estos acontecimientos conocidos como el “Octubre Polaco”, Kapuscinski estaba como enviado en Asia. Sus colegas del Sztardar Mlodych y de muchos otros diarios habían renunciado a sus encargos por la censura a las que estaban sometidos los medios de comunicación.

A su regreso a Polonia, Ryzsard se unió a sus colegas y renunció a la publicación. No pasó mucho tiempo para que la situación política se estabilizara, se llevaron a cabo elecciones democráticas por primera vez desde el fin de la 2° Guerra Mundial y Wladyslaw Gomulka resultó electo, hubo tensión con la URSS que no veía bien que Polonia estuviera buscando mayor autonomía respecto al régimen soviético, y Gomulka que en un principio comenzó a hacer reformas populares entre los polacos, tuvo que dar marcha atrás a sus planes y ajustarse a las demandas de Moscú, terminando pronto con el periodo conocido como la primavera polaca.

Tras el reacomodo social en Polonia, Kapuscinski siguió como miembro del POUP, pero su activismo se había reducido considerablemente desde que dejó la facultad de historia, y ahora se encontraba más desencantado y decepcionado del mismo que antes. Pronto consiguió acomodarse en una nueva publicación llamada Polityka que le ofrecía la posibilidad de seguir con sus corresponsalías en el extranjero, el trabajo se lo ofreció Frelek, un reportero que había conocido en la India y que ahora era redactor en jefe de la publicación.

En 1960 hizo su primer viaje a África, ahí recogió las experiencias que muchos años más tarde escribiría en su libro “Los viajes con Herótodo”. En Polonia, sus artículos eran los más populares de la publicación, y él fue votado como el reportero favorito del país, esto facilitó que en 1962 le propusieran ser corresponsal fijo de la PAP en África, encargo que duró 5 años.

Kapuscinski en África

La estancia de Kapuscinski en África marcó su vida, tanto profesional como personalmente hablando. Hoy en día, el trabajo más conocido de este escritor y reportero está relacionado con sus historias sobre el continente negro. Ryzsard se volvió africano como él mismo dijo “Yo ya soy un africano; así me ha definido mi amigo de Accra, Kofi, y los ancianos de la aldea y su jefe Nana, que me invitaron a sentarme con ellos, estuvieron de acuerdo” (Nowaka, 2010 pp. 107) Es curioso y profundamente significativo notar cómo Ryzsard Kapuscinski se integraba por completo a los lugares a los que viajaba.

Haciendo referencia a sus retornos a Varsovia decía “…por una extraña ley, triste y terrible paradoja, me sentía mucho más a gusto en Stanleyville o en Usumbura que en medio de esa multitud que pasaba indiferente a mi lado” (Kapuscinski, 2009 pp. 87). Como se ha mencionado antes en este texto, buena parte de la “triste y terrible paradoja” a la que se hacía referencia Ryzsard, tiene que ver con su necesidad por encontrarse una y otra vez ante el terror que en él despertaba la guerra, experiencia lejana en su vida adulta, pero siempre presente en su vivencia interior.

Sin embargo, aquella no es la única característica relevante del carácter de Kapuscinski que está involucrada en su integración e identificación con la población africana. Como explica a través de sus diversos libros y reportajes sobre sus travesías en África, el reportero vive bajo las mismas condiciones que los pobladores locales, se solidariza con ellos y desde el lugar del Otro, como él mismo explica en sus entrevistas, da testimonio a aquellos que no tienen una voz que sea escuchada.

En su libro “Ébano”, que compila sus reportajes desde África explica en su introducción: “Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política. Todo lo contrario: prefería subirme a camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser huéspedes de los campesinos de la sabana tropical. Su vida es un martirio, un tormento que, sin embargo, soportan con tenacidad y un ánimo asombrosos.” (Kapuscinski, 2006 pp. 7)

¿Qué sentido tenía para el escritor compartir la misma experiencia que los africanos, y más adelante de cualquier otra cultura en la que se sumergiera?  “…un viraje de la actitud pasiva a la activa en la lucha contra la angustia… el dar ánimo a los demás puede tener un efecto de reaseguramiento. Es una especie de gesto mágico indicador de la clase de trato que el individuo quiere recibir él mismo… es un ejemplo del mecanismo de identificación con el agresor.” (Fenichel, 2009 pp. 537-538)

Dando voz a quienes no la tienen Kapuscinski buscaba reparar una culpa que sentía profundamente, una culpa que él trataba de explicar como una carga histórica que el blanco, como él, lleva a cuestas por todo el daño, saqueo y destrucción del continente negro “No supe solucionar dentro de mi conciencia el problema de la culpa. A sus ojos, como blanco, yo era culpable… Aquellos muchachos descalzos, hambrientos y analfabetos tenían frente a mí una superioridad ética, la que una historia maldita confiere a sus víctimas.” (Kapuscinski, 2006 pp. 47-48)

No solamente se trataba de la culpa que el blanco siente frente al negro, que siente aquel que posee algo frente a quien no posee nada, una culpa engendrada por un sentimiento de superioridad que se desea negar. La culpa de la que habla Kapuscisnki, muy probablemente es aquella con la que ha cargado desde niño por el temor a sus impulsos, por desear el destierro de su padre para ocupar su lugar, una culpa de antaño en la propia vida del autor. En su caso, un rasgo masoquista del carácter se manifiesta en la simultánea identificación con la víctima.

Tal vez el ejemplo más extremo de esta conducta racionalizada a favor del cumplimiento de su labor como reportero, y que nos deja dimensionar el extremo al que debe llevar sus mecanismos para contrarrestar la angustia, la culpa y al mismo tiempo descargar en él mismo el impulso agresivo, es el incidente en Uganda en el que cayó víctima  de la malaria cerebral y posteriormente, por no dejarse atender hasta ser dado de alta, su contracción de tuberculosis.

Escena de Un día más con vida

En dicha ocasión, decidió atenderse en el dispensario municipal, una pequeña clínica gratuita que brindaba servicios médicos a la población local. Un lugar cuyas condiciones son descritas por el doctor inglés que primeramente lo atendió como “deplorables”, ahí fue atendido durante un mes, Kapuscinski no estaba dispuesto a perder la oportunidad de continuar su corresponsalía en África, y si avisaba a la PAP sobre su condición, seguramente lo habrían instado a volver a Varsovia indefinidamente, por otro lado dice “…a pesar de que físicamente lo pasaba fatal, me proporcionaba una inesperada ventaja: al convertirme en un ser débil y lisiado rebajaba mi prestigioso estatus de blanco como alguien que está por encima de todo y de todos, y creaba entre los negros una mayor oportunidad de igualdad.” (Kapuscinski, 2006 pp. 77)

Mezclarse entre los pobladores, identificarse hasta el punto de confundirse con ellos, eliminaba para Kapuscinski cualquier diferencia respecto a ellos, equilibraba cualquier desnivel que pudiera llevar a que hubiera la percepción de agresión o de culpa.

Finalmente, en 1967 regresó a Polonia por casi un año, durante el mismo recorrío las Repúblicas Soviéticas y escribió una serie de reportajes que serían la base de su libro “El Imperio”, complementado con las crónicas que más adelante también escribiría en 1989, un par de años antes de la caída de la cortina de hierro soviética. Su trabajo en el extranjero no se detuvo, y apenas volviendo de Moscú, tuvo oportunidad de abrir una segunda sede de la PAP en Latinoamérica, la primera estaba en México, pero sucedían tantas cosas en esta región del planeta, que Kapuscinski no perdió la oportunidad de llegar a Chile a finales del 67.


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