Ryzsard Kapuscinski – Análisis de su carácter (1/4)

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A continuación comparto con ustedes la primera de cuatro partes de un trabajo acerca del carácter de Ryzsard Kapuscinski, el reportero polaco más famoso del mundo, y sin duda una de las figuras más importantes del periodismo a nivel mundial de finales del Siglo XX e inicios del XXI. Alrededor de este intrépido personaje se ha creado un mito, y a raíz de su muerte acontecida apenas en el año 2007, se han publicado reediciones de sus libros, y diversas biografías que exploran su vida, su carrera y su producción literaria.

Análisis de su carácter

Al castellano se han traducido y editado numerosos libros de este autor, entre ellos El Emperador y Un día más con vida. De hecho, mi primer contacto con este reportero y periodista, fue a través de la lectura de esta última obra suya, que desde un inicio me impresionó tanto por su contenido, como por su forma. Se trata de un reportaje sobre la independencia de Angola, que por un lado describe de forma fascinante los sucesos que ahí acontecían, y por otra nos comparte la experiencia en primera persona del último reportero europeo en la zona de una cruda guerra civil.

Desde aquel momento, mientras leía con asombro las peripecias de Kapuscinski, surgió en mí el deseo por comprender mejor las motivaciones de aquel hombre que arriesgaba su vida en el ejercicio de su profesión. Esta interrogante, junto con las actividades académicas propias de mis estudios psicoanalíticos, dieron origen a este trabajo sobre el carácter de Ryzsard.

A lo largo del mismo se integra la biografía del autor polaco, junto con el análisis (desde una perspectiva psicoanalítica) y la descripción del contexto dentro del cual se desenvolvía el ganador del Premio Príncipe de Asturias, con la intención de esclarecer o cuando menos ofrecer una hipótesis, sobre el carácter y las motivaciones que guiaban y dirigían el actuar del autor de Viajes con Herótodo. Gracias a que gran parte de la obra de este autor versa sobre sus propias experiencias durante sus reportajes, también se incluyen citas de distintos libros escritos por él que pretenden ejemplificar y justificar las hipótesis desarrolladas a lo largo de este trabajo.

Como sugerencia, recomiendo leer el libro Un día más con vida, editado en castellano por Editorial Anagrama. En cualquier caso dejo el trailer de una película animada que toma como base dicho libro, y que puede servir como apertura para el lector y quizá, con algo de fortuna, aperitivo que despierte el apetito por conocer más de la vida y obra de Ryzsard Kapuscinski.

Inicio de la primera parte del trabajo (1/4)

Ryszard Kapucsinski: una extraña y exótica combinación de letras, amontonadas en dos conjuntos, que forman el nombre y apellido de un reportero y periodista nacido en  1932 en la ciudad de Pinsk, que actualmente forma parte de Bielorrusia, pero que en la época previa a la Segunda Guerra Mundial era parte de la entonces conocida como Segunda República Polaca.

 

La historia reciente de Polonia es tan compleja como la pronunciación del nombre de nuestro autor, pues fue un punto neurálgico en la guerra más devastadora en la historia de la humanidad, y los acontecimientos ahí sucedidos sin duda tuvieron un impacto profundo en la vida, obra y carácter de Rysiek, como lo conocían sus amigos.

Los que han sobrevivido a una guerra nunca lograrán librarse de ella. La guerra persiste en ellos como una joroba en el pensamiento, como un doloroso tumor que ni siquiera el más eminente de los cirujanos es capaz de extirpar.” (Domoslawski, 2010 pp. 35)

Para comprender mejor la cultura polaca en la que se desarrolló Kapuscinski es necesario destacar algunas características de este país europeo; en primer lugar, su ubicación geográfica hace que Polonia sea el enlace y punto medio entre Europa Occidental y Europa Oriental, históricamente ha compartido fronteras con algunas de las potencias más importantes de la región, incluyendo Alemania, Rusia y el Imperio Austro-Húngaro. Esta ubicación ha expuesto al país, cuya existencia se remonta al siglo X, a múltiples invasiones que incluso llevaron a su desaparición en el año de 1795 cuando fue absorbida y repartida entre Rusia, Prusia y el Imperio Austro-Húngaro.

Sus fronteras se han modificado en innumerables ocasiones a causa de los conflictos continentales y mundiales que han tenido lugar en su propio territorio. La población polaca mantuvo su identidad a lo largo de las distintas invasiones, divisiones e inclusive durante su desaparición del mapa europeo, gracias a la cohesión alrededor de la religión cristiana y al idioma compartido; su independencia y territorio fueron recuperados hasta el final de la 1° Guerra Mundial gracias al Tratado de Versalles, que devolvió a Polonia su autonomía después de 120 años, emergiendo con el nombre de Segunda República Polaca.

Es importante precisar que durante la 1° Guerra Mundial, el territorio polaco se encontraba dividido entre Rusia, Alemania y Austria-Hungría, tres imperios que perdieron grandes extensiones de tierra tras los tratados de paz y que dieron una nueva configuración a Europa. Si bien esta paz trajo el reconocimiento de la nación, también dejó profundas heridas y rencores entre los nuevos vecinos. A Polonia se le otorgó el “corredor polaco” que extendía su territorio hasta el mar Báltico a través de Alemania que así quedó dividida en 2 por esta cesión que tuvo que hacer. Más tarde este conflicto político haría que se desencadenara la 2° Guerra Mundial.

En la frontera oriental también hubo conflictos con Rusia, pues no había un acuerdo en las fronteras bien definido en el Tratado de Versalles, y había un mutuo reclamo por territorios que proclamaban propios. Esta tensión llevó a que entre 1919 y 1920, tras la Revolución Rusa, hubiera un conflicto armado entre ambas naciones que llevó a Polonia a perder ciertas regiones cuyos habitantes eran en su mayoría rusos y ucranianos.

Es en este contexto histórico que crecieron los padres de Ryszard, María Bobka y Józef Kapuscinski. La madre provenía de una población cercana a Cracovia y era nieta de un panadero, su familia era de comerciantes y, a pesar la miseria en la que vivía la generalidad de la población de la época, el mero hecho de que no se dedicaban a la agricultura, hacía que la familia Bobka perteneciera a la burguesía. Caso similar al de la familia de su futuro esposo, quien era el hijo de un funcionario comarcal. Gracias a esta posición social de la que provenían, los dos tuvieron la oportunidad de estudiar para convertirse en profesores.

No se tiene información acerca de cómo se conocieron y se casaron sus padres, pero por la época en la que crecieron, la política del recién formado gobierno polaco consistía en unificar todas las regiones del país. El plan consistía en alfabetizar a la población de las regiones más remotas del país y favorecer la migración de las ciudades centrales, como Cracovia y Varsovia, hacia las comunidades  rurales que corrían el riesgo de sublevarse por prevalecer otras mayorías étnicas.

Si bien asentarse en la región oriental era una especie de destierro y trabajo de misionero, los padres de Kapuscinski tenían la oportunidad de obtener un empleo por parte del Estado si se desplazaban a Pinsk. En la época la ciudad se conformaba de 32,000 habitantes, y apenas uno de cada cuarto habitantes era polaco. Inclusive había una mayoría de judíos, seguidos por bielorrusos y ucranianos.

La pareja se asentó ahí en 1931, y al siguiente año tuvieron a su primer hijo: Ryszard. El pequeño fue cuidado por la hija del casero mientras la madre trabajaba durante su primer año. Poco más de un año después nació Basia, la única hermana del autor de El Emperador. No se conoce la razón, pero la familia ocupó 5 domicilios distintos entre 1931 y 1939, probablemente se debiera a que no tenían una propiedad, sino que rentaban habitaciones. La última casa era de la hermana de María y se encontraba a las afueras de la ciudad, en un barrio muy pobre.

Sobre la vida en esa época se sabe que el papá daba clases de manualidades, la mamá era maestra de educación básica: enseñaba a leer, escribir, contar, etc. Ambos asistían a reuniones y fiestas en el casino militar, que era el centro social donde se reunía la minoría polaca de Pinsk, no eran festividades elegantes como en otras ciudades, pero sin duda se consideraban parte de la élite de su comunidad y disfrutaban de tener un amplio círculo de amigos.

Entre las notas que el autor dejó sobre un supuesto libro pendiente de su infancia en Pinsk decía sobre su madre que todavía no era capaz de percibirla como una persona aparte: forman un solo ser. La viuda de Kapuscinski refiere que Rysiek era “el niño de los ojos de su madre”. La madre decía que su hijo era el más guapo, el más inteligente, hablaba de él con idolatría y superaba con creces la admiración media que las madres sienten por sus hijos.

Sobre el padre, el propio Kapuscinski escribe que era muy bueno con él y que eso era fundamental y sagrado. Józef era un hombre disciplinado y con un alto sentido del deber, se sentía orgulloso de nunca haber llegado tarde a clase. Sin embargo, a pesar de ser profesor (daba clases de manualidades), nunca comprendió del todo a lo que su hijo se dedicaba, ni quién había llegado a ser. Le irritaba que estudiara y leyera tanto en vez de “trabajar” y no entendía cómo iba a hacer para mantener a una familia desvelándose en casa mientras subrayaba libros.

Kapuscinski describe que crecer en una ciudad multicultural le había mostrado desde muy pequeño que la alteridad era un rasgo del ser humano. Escribe así sobre la vida en Pinsk:

“Era una pequeña ciudad  de personas bondadosas y bondadosas calles. Hasta que estalló la guerra, no había visto yo en Pinsk ningún conflicto. Un lugar sin ostentaciones, sin pretensiones , habitado por personas sencillas. Mis padres, maestros, también eran así. Tal vez por eso me he sentido bien en el llamado Tercer Mundo, donde la gente se distingue no por su riqueza sino por su hospitalidad, no se distingue por la ostentación sino por la cooperación.” (Domoslawski, 2010 pp. 25)

Por supuesto que es importante aclarar que el anterior fragmento surge de declaraciones hechas cuando Kapuscinski ya era una persona de más de 60 años que estaba promoviendo sus libros por el extranjero, había una imagen que quería vender de sí mismo, pero esta descripción un tanto idílica de su vida en Pinsk la retomaremos un poco después para ejemplificar algunos rasgos caracterológicos de este autor.

1939 es el año en que finalmente estalló la guerra y tuvieron que huir de esta ciudad. Como se mencionó anteriormente, Polonia llevaba ya varios años en conflicto con sus poderosos vecinos. Unos días antes de que Alemania invadiera Polonia, los gobiernos de Hitler y de Stalin habían firmado un acuerdo de no agresión mutua; en privado, el acuerdo incluía una repartición del territorio de Polonia en el que ambas partes reconocían las zonas de influencia del otro y se acordaba respetar dichas áreas. Si bien Hitler también tenía firmado un acuerdo de paz con Polonia desde el ´34, este tratado fue violado y el 1° de septiembre de 1939 lanzó a su ejército bajo la devastadora táctica conocida como “blitzkrieg”, hecho que desencadenó la 2° Guerra Mundial por la intervención de Francia e Inglaterra, aliados polacos.

Un par de semanas después, la Unión Soviética también invadió  Polonia y aceleró la caída de la Segunda República Polaca. En este contexto, Józef Kapuscinski fue llamado por el ejército polaco y tuvo que dejar a su familia. Por la ubicación geográfica de Pinsk, al oriente del país, el padre combatió contra los soviéticos.

El estallido de la guerra sorprende a la familia en medio de unas vacaciones con un tío que vivía en el poblado de Rejowiec, localizado a unos 300 km de Pinsk, María decide emprender el viaje de regreso a casa con sus dos hijos.

“Tengo 7 años, me encuentro en un prado y no quito ojo a los puntos, que apenas parecen deslizarse por el cielo. De repente, en las proximidades, junto al bosque, suena un estruendo terrible, oigo con qué estrépito estallan las bombas… y veo cómo saltan por los aires gigantescos surtidores de tierra. Quiero correr hacia ese espectáculo extraordinario que me deja atónito y fascinado, pues todavía no tengo ninguna experiencia de la guerra y no sé unir en una misma cadena de causas y efectos aquellos brillantes aviones de color gris plateado, el estruendo de las bombas y los plumeros de tierra que se elevan hasta las copas de los árboles, con el acechante peligro de muerte. Así que echo a correr hacia el bosque… pero un abrazo me agarra por el hombro y me tira al suelo. ‘Sigue tumbado –oigo la voz temblorosa de mamá- , no te muevas’.”

Para la familia Kapuscinski, al igual que para miles de otras familias polacas, dio inició una etapa de constantes huidas, de migraciones y de ir de poblado en poblado con la esperanza de escapar de la guerra, de encontrar algo de comer y de reunirse con la familia que se encuentra desperdigada a través del vasto territorio repleto de frentes de combate, una época de vivir con la angustia de jamás sentirse seguros, ni de tener certeza sobre el porvenir propio ni de los seres queridos.

Es momento de hacer una pausa en el viaje biográfico del autor para hacer algunas reflexiones sobre el destino que más adelante seguirá su vida como reportero. Kapuscinski es famoso por sus reportajes en el extranjero como enviado de la Agencia de Prensa Polaca (PAP), reporta desde India, China, Japón, la Unión Soviética y más tarde desde diversos lugares de África y Latinoamérica. Parte de su fama se debe a que generalmente hacía sus reportajes desde los lugares más inhóspitos, en pleno frente de guerra de las independencias, revoluciones y guerrillas del Tercer Mundo.

En resumen, Kapuscinski estuvo en 27 revoluciones, 12 frentes de guerra, estuvo condenado a 4 ejecuciones por fusilamiento, sufrió de malaria cerebral, meningitis, tuberculosis e incluso fue picado en la frente por un escorpión estando en Somalia. Así, quien ha sido llamado el “mejor reportero del siglo XX” exponía su vida una y otra vez enfrentándose a la misma situación que había vivido durante su infancia, la guerra.

Sin lugar a dudas nos encontramos ante un claro -y quizá también extremo- ejemplo de una defensa contra la angustia a través del desarrollo de una contrafobia. El mecanismo funciona del siguiente modo “…la búsqueda de situaciones anteriormente temidas se hace placentera precisamente por el hecho de que son buscadas en forma activa.” (Fenichel, 2009 pp. 537).

Además, a través de este mecanismo, el Yo intenta negar la angustia, ya sea negando la existencia de una situación peligrosa, o generando un “coraje reactivo” para poder negar el hecho de sentir temor, siendo este segundo caso el de este personaje, como se irá comprobando a lo largo de este texto.

Veamos cómo describe el autor su primer encuentro con el ejército del Imperio Soviético, experiencia que nos lleva de vuelta a su biografía. Cuando María y sus dos hijos, Ryszard y Basia vuelven a su casa en Pinsk sucede lo siguiente:

“ …después de días de caminatas nos encontramos ya en las puertas de Pinsk… de repente surgen ante nuestros ojos unos marineros. Empuñan largos fusiles con afiladas y punzante bayonetas, y lucen estrellas rojas en sus gorras redondas… Nos mantienen a distancia, ¡ni un paso más!, gritan mientras nos apuntan con sus fusiles. Mi madre, como otras mujeres y niños llora y pide clemencia. Implorad clemencia, nos suplican nuestras madres, muertas de miedo, pero nosotros, los niños ¿qué más podemos hacer? Ya hace un buen rato que nos hemos arrodillado en medio del camino y lloramos y alzamos los brazos… unos marineros llenos de una ira, de una rabia desconocidos e incomprensibles, todo eso está allí, en aquel puente sobre el Pina, en aquel mundo en que entro cuando tengo siete años.” (Kapuscinski, 2014 pp. 13-14)

Resulta casi incomprensible cómo un niño que pasó casi 6 años viviendo situaciones de guerra, se puede convertir en un hombre, que como adulto, buscaría y haría todo lo que estuviera a su alcance para viajar y estar presente en el frente de guerras que acontecían en países que la mayoría de los polacos jamás había escuchado nombrar, incluso desobedeciendo las instrucciones de sus superiores y las peticiones de su familia para que no fuera a sus corresponsalías o que regresara antes de ellas.

“Recibí  en Lagos un telegrama que firmaba mi jefe de la Agencia de Prensa Polaca, Michel Hofman. ‘Le ruego’, leí en el telegrama, ‘que de una vez para siempre deje de meterse en expediciones que puedan terminar en tragedia’.” (Nowaka, 2010 pp.109) Por supuesto no lo dejó de hacer, corría apenas el año de 1966, y apenas terminaba su periodo de 5 años en África, aún vendría el viaje por Latinoamérica, el cual duraría otros 5 años.

Cabría preguntarse si el autor era consciente de los peligros que corría al aventurarse, la respuesta es simple: sí lo era. “Viajaba a Angola con el convencimiento de que no regresaría de allí, que no saldría vivo de aquel país. Era uno de esos viajes hacia la muerte hechos con plena conciencia” (Nowaka, 2010 pp. 224)

La historia de Kapuscinski se comprende mejor si en lo sucesivo, tenemos en cuenta este mecanismo reactivo de su carácter “El placer contrafóbico reproduce un placer ‘funcional’ del niño: ya no necesito temer… pasa por una tensión angustiosa de expectación, cuya superación es la que produce placer”. (Fenichel, 2009 pp. 537)

La contrafobia se erige como una defensa contra la angustia que se dispara ante la situación fóbica, esta última es aquella que representa una tentación para las pulsiones instintivas que originalmente provocan la reacción del Yo. Más adelante volveremos sobre el tema del impulso, que en el caso de este autor, moviliza la defensa caracterológica ya descrita en él, por ahora volvamos a la historia infantil de Kapuscinski.

Tras el evento en el puente que daba entrada a Pinsk, la familia Kapuscinski logró ingresar a la ciudad. Pero esta llegada a casa es sólo el inicio de un largo peregrinar al que se verá enfrentada la familia, que además ahora se encuentra sin el padre, quien desde el verano forma parte de las filas de la resistencia nacional. El peregrinaje era casi obligado, pues corrían el riesgo de ser deportados y enviados a los campos de refugiados soviéticos, ya que al desempeñar empleos públicos como maestros, y Józef ser oficial del ejército polaco, eran parte de la población objetivo que se pretendía eliminar de dichas regiones.

Durante la 2° Guerra Mundial Polonia sufrió la baja de casi 6 millones de habitantes, la mayoría de ellos civiles, esto representaba casi una cuarta parte de la población, de hecho, en términos relativos la población polaca fue la segunda más diezmada de toda Europa. También el territorio polaco albergó algunos de los campos de concentración nazis más conocidos por sus atrocidades en contra de la población judía de la región. En su capital, se estableció el terrible gueto de Varsovia.

Había persecuciones y matanzas por doquier, Polonia no era un lugar seguro para crecer en aquella época “…tenemos que irnos, huir. Ignoro adónde, pero comprendo que la huida se ha convertido en una necesidad perentoria, incluso en una nueva forma de vida, pues huye todo mundo…” (Domoslawski, 2010 pp. 35)

De acuerdo con el autor de El Imperio, poco después de regresar a Pinsk, la familia recibió el rumor de que en septiembre Józef Kapuscinski había sido capturado por los soviéticos y era mantenido como rehén de guerra. Se decía que marchaba, junto con varios miles de prisioneros, en una gran columna en dirección a Katyn.

En la primavera de 1940, el NKVD –fuerza policiaca soviética y organismo predecesor de la KGB- asesinó a más de cuatro mil oficiales polacos en las inmediaciones del bosque de Katyn, lo anterior en cumplimiento de una orden de Stalin. Sin embargo, Józef logra escapar junto con otros prisioneros antes de llegar al lugar del fusilamiento masivo y tras cambiar su uniforme militar –incluyendo unas codiciadas botas de piel- con campesinos de los alrededores, logra infiltrarse en Pinsk y visitar a su familia por una noche.

El siguiente recuerdo de esta época resultará especialmente significativo para el análisis caracterológico de Ryszard Kapuscinski y dará luz sobre cuáles son aquellas pulsiones que generan angustia en la infancia del autor, y que a su vez, desencadenan la defensa contrafóbica anteriormente discutida.

Noche cerrada. Ruido de nudillos en la ventana. El rostro de mi padre aplastado contra el cristal, con unos rasgos desdibujados que se confunden con la oscuridad. Veo cómo mi padre entra en la habitación, pero me cuesta trabajo reconocerlo. Nos despedimos en verano… Ahora está de pie ante nosotros vestido como un campesino de Polesie, flaco, demacrado y con barba de varios días…

Niños, nos dice madre a mi hermana y a mí, ¡cerrad los ojos y a dormir! En la habitación contigua se oyen susurros y ecos de movimientos febriles. A la mañana siguiente, cuando me despierto, padre ya no está.” (Kapuscinski, 2014 pp. 18-19)

El relato continúa con la descripción de la noche siguiente, en la que “las ventanas y las puertas casi se derrumban bajo el ataque repetido de golpes violentos” debido a la visita inesperada de miembros del Ejército Rojo que buscan a Józef, hay amenazas, fusiles apuntando a los integrantes de la familia, buscan por doquier haciendo destrozos en el par de habitaciones que componían la casa de los Kapuscinski. Interrogan a María, le preguntan por el paradero de su esposo, ella dice no saber dónde se encuentra, la golpean un par de veces, pero sigue negando con la cabeza. Ante la amenaza de llevarla con ellos, Ryszard recuerda lo siguiente:

…la empuja con la culata hacia la puerta; pretende echarla a la gélida y oscura calle. Pero en ese mismo instante, mi hermana, menor que yo, se abalanza de repente sobre el soldado y empieza a golpearlo, a morderlo y a darle patadas; se abalanza sobre él en un estado de rabia incontrolable, de furia incontenida, de locura.” (Kapuscinski, 2014 pp. 20)

Fin de la primera parte de cuatro de este trabajo.


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3 Responses

  1. Octubre 20, 2015

    […] Continuación (para leer la 1° parte del trabajo haz click aquí) […]

  2. Diciembre 4, 2015

    […] Para leer la primera parte haz click aquí. […]

  3. Febrero 2, 2016

    […] Primera Parte […]

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