Ryzsard Kapuscinski – Análisis de su Carácter (4/4)

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Última parte del trabajo sobre el análisis de Ryzsard Kapuscisnki. 

Para leer las secciones anteriores puede seguir estos enlaces y/o descargar el artículo completo en PDF.

Primera Parte

Segunda Parte

Tercera Parte

Tras ser expulsado del país por un conflicto causado por una nota que publicó, viajó a Río de Janeiro y fue recibido por el embajador de Polonia en Brasil. Al inicio lo habían asistido y la embajada hizo la gestión diplomática para sacarlo de Santiago, casi como refugiado político, y recibirlo en el aeropuerto carioca, pero no pasó mucho tiempo entre su arribo al departamento de Copacabana que le habían dispuesto, y el estallido del golpe de estado brasileño.

Ante estas circunstancias sociales y políticas, el diplomático polaco llevó a Kapuscinski a la embajada y no lo dejó salir de ahí hasta que el reportero sostuvo una huelga de hambre por 5 días. Las versiones que hay sobre ese acontecimiento provienen del mismo autor, quien dijo haber sido secuestrado con el fin de no reportar los sucesos, pues aparentemente el embajador brasileño servía a los intereses estadounidenses que no querían que se filtrara información sobre lo que ahí sucedía al bloque soviético.

Tras la huelga de hambre, Kapuscisnki fue liberado y viajó a Bolivia, país donde recorrió la ruta del Che Guevara, personaje que impactó profundamente al escritor polaco, al grado que pidió a su editorial en Polonia, ser el traductor del “Diario del Che”. Ryzsard gustaba de “perderse” al aventurarse en viajes que no tenían un destino u objetivo específico. Debía reportar diariamente a la PAP, pero en ocasiones desaparecía del radar “…la central no sabía qué me había ocurrido, dónde había ido a parar, o cómo buscarme.” Probablemente una identificación con su padre, pues a la vez que su agencia no tenía noticias de él, tampoco las tenían Alicja ni Sofía en Varsovia y más tarde en el DF.

Ryzsard Kapuscinski y la guerrilla

Los movimientos guerrilleros latinoamericanos despertaron la profunda admiración de Ryzsard, lo que lleva a poder ejemplificar mejor un rasgo de su carácter que ya se ha tocado antes, cuando tratamos el activismo político de Kapuscinski, pero que se prometió retomar con mayor detalle, y este es el lugar. Cuando Fenichel habla acerca del obsesivo, dice que este “se esfuerza por lograr un sentimiento de superioridad moral, que necesita para acrecentar su autoestima, a objeto de contrarrestar la presión del superyó.” (Fenichel, 2009 pp. 319)

Y en otro momento, cuando explica los distintos mecanismos del carácter para manejar la angustia nos dice: “La buena conciencia y el sentimiento de actuar correctamente en el cumplimiento de un ideal, pueden servir también al mismo propósito que la obtención de reaseguramientos externos.” (Fenichel, 2009 pp. 539)

Considero que estos mecanismo, a través de los cuales el sujeto acrecienta su valor narcisista al justificar sus acciones como medios para alcanzar un ideal anhelado, son claros en la forma en que Ryzsard Kapuscinski habla acerca de los líderes guerrilleros y de la guerrilla latinoamericana en general, asimismo considero que él se identifica con estas figuras, que a nivel inconsciente representan a su padre idealizado, el guerrillero polaco que hizo frente a los soviéticos durante la 2° Guerra Mundial.

Refiriéndose a los movimientos guerrilleros, como aquel de Che, Kapuscinski apunta:

“Su movimiento es sobre todo un movimiento de purificación moral. El objetivo político es en cierto modo secundario y ni siquiera hay una consecución clara del mismo… No piensan en si van a vencer, piensan en que quieren purificarse.” (Nowaka, 2010 pp. 186)

Che Guevara

Cita en la que daría la impresión que estaría describiendo un funcionamiento muy similar al suyo unos años antes en África. Más adelante, en un ensayo que escribe a propósito de las comparaciones que llega a escuchar que se hacen entre Allende y Guevara opina:

Tanto una como otra, sus muertes son un lance de honor, un desafío. Un deseo de manifestar públicamente la justicia de sus convicciones y una disposición, más allá de toda vacilación, a pagar por ellas el máximo precio.” (Kapuscinski, 2014 pp. 178)

¿No sería esto algo que se diría sobre Kapuscinski y la posibilidad de su muerte mientras ejercía el tipo de periodismo en el que cree? Aquel tipo de periodismo sobre el que dictará cátedras en diferentes universidades del mundo cuando ya sea un hombre mayor, reconocido por su labor y por su entrega al periodismo, por su dedicación y profundo conocimiento del Tercer Mundo, el tipo de periodismo que sugiere que es el único que se puede hacer en su libro “Los cínicos no sirven para este oficio”. Si leemos lo que escribiría años más tarde, en otra de sus expediciones a África, quizá nos quede más claro que sí, que es justamente el tipo de ideal al que aspiraba, y por el que estaba dispuesto a morir:

“Voy por una carretera de la que se dice que un blanco no la atravesará vivo. Y voy por ella porque quiero saber si esto es cierto, porque necesito experimentarlo todo en mi propia carne.” (Nowaka, 2010 pp. 111)

Como se dijo antes, el sentido que este mecanismo tuvo a lo largo de la vida de Kapuscinski  es que “La convicción de que una exigencia ideal se halla en vías de ser cumplida, reporta al yo un acrecentamiento de su autoestima… el yo relaja su habitual sentido crítico de la realidad y de los impulsos…” (Fenichel, 2009 pp. 542-543)

A finales de 1968, poco después de la matanza de estudiantes en Tlatelolco, Kapuscinski arribó a la Ciudad de México y tomó la oficina de la PAP que aquí existía. Por fin, estando en México, dispuso del espacio y la estabilidad para traer desde Varsovia a su familia. Sofía y Alicja lo acompañaron durante su estancia en la ciudad. El reportero pasó los siguientes 4 años teniendo como base nuestro país, desde su departamento ubicado en el quinto piso del edificio número 57 de la calle Amazonas, en la colonia Centro, Kapuscisnki organizaba sus excursiones a Guatemala, El Salvador, Honduras y Colombia.

CEl Sha o la desmesura del poder - Kapuscisnki, Ryzsarduando finalmente dejó su encargo en América Latina hacia el año de 1973, Ryzsard consiguió otra asignación en África. Durante dicho periodo viajó hacia la región oriental africana, recogiendo el material para su libro “El Emperador”, que unos pocos años más tarde sería el primero en ser traducido y publicado en Estados Unidos. Más adelante en su nuevo encargo para la PAP conoció y entrevistó a los fedayines palestinos, y en Irán recogió las impresiones de la gente local para realizar una descripción de “El Sha”, otro gobernante –en este caso islámico- que le atrajo por su desmesura en el poder.

Llegando 1975 viajó a Angola para reportar durante tres meses los acontecimientos que se desarrollan ante la inminente independencia de aquella colonia portuguesa, su travesía da luz al libro “Un día más con vida”. Ahora con 43 años de edad, Kapuscinski se dedica mucho más tiempo a escribir sus libros, y publicarlos en Polonia, que a seguir sus viajes como reportero. Según los críticos literarios que han estudiado su obra, este libro marcó el punto de inflección en la forma de escribir de Ryzsard, incluyéndose con mucho más libertad dentro del relato del reportaje como el personaje central de las historias, dejando definitivamente atrás la objetividad del escritor puramente periodístico, además de recurrir a recursos literarios para hablar de los acontecimientos que ahí presenciaba.

Resulta muy interesante observar el contraste que existía entre el Kapuscinski reportero, enfrentado a situaciones extremas donde parecía desenvolverse como pez en el agua, y aquel Kapuscinski  viviendo en circunstancias aparentemente más favorables y cotidianas como las presentaciones de sus libros o sus conferencias sobre periodismo dictadas en distintas universidades, sobre todo de habla hispana.

Él mismo decía sentirse extraño e incómodo ante las multitudes, y en contraste sentirse cómodo entre grupos pequeños de personas humildes. Para estudiar este aspecto de su carácter primero debemos hacer el respectivo recorrido biográfico que nos lleve al punto en que este escritor alcanzó la fama mundial y dejó de ser un personaje anónimo para los demás.

En el verano de 1980 estalló en Polonia la huelga del astillero de Gdansk. Dicha huelga marcó un cambio trascendental en la vida política del país y de todo el bloque soviético, pues llevó al reconocimiento del primer sindicato independiente de obreros entre los países miembros del Pacto de Varsovia. La URSS amenazaba con intervenir en Polonia ante el riesgo de sublevación que había, pues las huelgas se habían extendido a lo largo del territorio.

El país estaba sumido en una profunda crisis económica, había desabasto de productos de primera necesidad como el azúcar y la carne, y a pesar de que el Estado, liderado por Gierek, hacía propaganda de las obras de infraestructura construidas, la realidad en la que vivía la gente había aumentado el descontento con sus políticas.

En el marco de esta situación política, Kapuscinski estaba observando la huelga desde el astillero junto con un nutrido grupo de periodistas, pero ya no era uno más de los periodistas: firmaba ejemplares de sus libros publicados en Polonia entre los obreros “esto me facilitaba de inmediato el acceso a su círculo.” (Domoslawski, 2010 pp. 379)

De acuerdo con diversas fuentes, Kapuscinski tenía un lugar muy especial entre los obreros y los periodistas que estaban presentes. Sus palabras eran escuchadas con gran atención, y aunque él decía no considerarse como el líder de sus colegas, su opinión sobre cómo debían proceder ante la censura del Estado a sus publicaciones, tuvo una repercusión importante en el desenlace de aquella huelga.

Los periodistas, al igual que muchos otros gremios de trabajadores,  se solidarizaron con la huelga y en conjunto firmaron una carta pública manifestando su descontento por la censura que sufrían sus textos, lo que favorecía la desinformación. Esta carta, firmada y promovida por Kapuscinski, marcó su rompimiento con el POUP, al que renunciaría unos meses después, tras más de 30 años de ser miembro y del triunfo de la huelga obrera que llevó al reconocimiento del antes mencionado sindicato, que llevó el nombre de Solidarnosc.

Consecuentemente con lo descrito hasta ahora sobre el carácter de Ryzsard, el ensayo que escribió sobre lo acontecido llevaba su sello, el de la lucha por la reivindicación de los ideales, y la negación de cualquier rastro del impulso agresivo: “…el motivo principal de estas reivindicaciones ha sido la dignidad del hombre…. No ha habido ningún elemento de venganza, ningún deseo de desquitarse ni de ajustar cuentas personales… Durante estos días de agosto, muchas palabras han resucitado de pronto, han recuperado su peso y cobrado brillo: la palabra ‘honor’, la palabra ‘dignidad’ la palabra ‘igualdad’. (Domoslawski 2010, pp. 387)

La victoria obrera no duró mucho tiempo, al cabo de dos años más, el recién formado sindicato fue desintegrado porque continuaba su protesta en busca de mayores derechos, algo que la URSS no permitiría. Mientras tanto, los periodistas que se habían solidarizado con la causa obrera, estaban vetados de los medios de comunicación. Kapuscinski aprovechó el momento para dedicarse a escribir los libros que tenía pendientes, contaba con más de 50 años y aunque su situación profesional en aquel momento podría pensarse como preocupante, sería todo lo contrario, pues recibiría la oportunidad de su vida, publicar sus libros a nivel mundial.

En el año de 1981 se había reunido con Katarzyna Mroczkowska, quien estudiaba su doctorado en EUA. Ella había contactado a Kapuscinski para proponerle hacer la traducción de su libro “El Emperador” al inglés y buscar una editorial que lo publicara en América. Finalmente, Kurt Wolff, el editor de Kafka, Günter Grass e Ítalo Calvino en Estados Unidos accedió a publicar la traducción que había hecho William Brand, el esposo de Katarzyna.

El éxito comercial de Ryzsard llegó hasta el año 83, el texto fue recibido con mucho entusiasmo por la crítica y el público en general, el libro de inmediato tuvo nuevas ediciones ante el éxito en ventas. Poco a poco, el libro fue abriéndose camino en varios países, Inglaterra por supuesto, y un poco después fue traducido a varios idiomas incluyendo el español. A este, le siguieron otros libros, algunos recién escritos, otros que ya habían sido publicados en su país y que ahora eran traducidos el inglés.

En nuestro idioma, Kapuscinski tiene editados 16 libros, y sin dudas el mercado hispanoparlante fue uno de los que mejor recibió la obra del autor, en gran parte, gracias a su cercanía con la región y a que comenzó a ser invitado por las facultades de comunicación y periodismo de distintas universidades de la región para dictar conferencias, organizar cursos y talleres de reportaje, los más importantes al lado de Gabriel García Márquez en México y Colombia.

Ryzsard Kapuscisnki & Gabriel García Márquez

Este primer éxito cambió la vida de su autor, en Polonia se mudó a un amplio departamento en el centro de Varsovia, y sus viajes ahora tenían el propósito de presentar sus libros, firmar autógrafos y dar entrevistas en los países ricos del mundo. Con cinco décadas a cuestas, Kapuscinski seguía demostrando su talento para los idiomas, pues ahora aprendió a hablar inglés en menos de un año para poder dar las entrevistas sin intermediación de traductores.

La obra de Kapuscinski tuvo éxito en gran medida porque relata sus historias colocándose a sí mismo como un personaje dentro de las mismas, según el escritor, esto brindaba la sensación de  cercanía y veracidad a los lectores a quienes les podía decir “yo estuve ahí”. Se le considera como una figura muy importante dentro del periodismo porque cambió el estilo del reportaje, dejó atrás el lenguaje objetivo, pero reducido del periodista, y en cambio utilizó recursos literarios para tratar de recrear mejor la atmósfera de los eventos que retrataba, incluso a costa de la tan pregonada objetividad del periodista.

Otro factor de su éxito consistió en llevar sus experiencias personales, y el conocimiento acumulado a través de los años de guerra y de corresponsal, para hacer comprensible a sus lectores lo que se vive en los frentes, las revoluciones y la comunidades desde las que escribía sus crónicas. Kapuscinski todo el tiempo habla sobre su experiencia, sobre su análisis y elaboración de los eventos que vivía, y espero haber transmitido a lo largo del trabajo, que esta experiencia que repetía una y otra vez, desde distintas localidades geográficas, es la misma experiencia, tanto interna como externa, que tuvo como niño.

La atención de la que ahora era objeto en países diversos al suyo trajo mucho más crítica que la que hasta entonces había recibido en toda su carrera. El comportamiento de Rysiek en dichos entornos sorprendía a quienes lo conocían, uno de sus amigos y colegas polacos diría lo siguiente sobre el desenvolvimiento que observaba en él: “Ese león del desierto que tenía a medio mundo a sus pies de repente se portaba como el más pazguato de los pazguatos.” (Domoslawski, 2010 pp.429)

El contraste entre el comportamiento de Kapuscinski en los frentes de guerra, y el observado en los encuentros públicos, es grande. Si bien es cierto que el hecho de que fuera un reportero apasionado, no implicaba que fuera un orador privilegiado, pienso que el contraste también puede explicarse a partir de su carácter.

Como se ha argumentado anteriormente, la superación de la angustia de castración a través de la contrafóbia le proveía de un excedente de energía libidinal al yo que, gracias a la encarnación de ideales que elevaban su valoración narcisista, se acercaba bastante a su propio ideal. En el contexto de los frentes de guerra, Kapuscinski sentía que podía ser libre, deshacerse de las inhibiciones, la angustia, y de su propia censura superyóica.

En cambio, en circunstancias durante las cuales debía generar una buena impresión y su propia valoración pasaba a estar en manos de una multitud, la opresión vivida por Ryzsard se veía intensificada. El recurso de la seducción, carisma y encanto del que se servía en sus encuentros con los demás, se diluía entre la multitud y dejaba abierto el camino para la crítica.

Si, como ha sido la hipótesis a lo largo de este trabajo, la angustia de castración era la que principalmente movilizaba las defensas caracterológicas de Kapuscinski, la crítica era recibida por este como una herida narcisista, una amenaza que ponía en jaque su mecanismo defensivo y ponía al descubierto su dolorosa sensación de ser insuficiente, de estar castrado.

Las referencias que hay sobre su actitud frente las multitudes describen a Kapuscinski como alguien inseguro y tímido, además que muy sensible frente a la crítica. Cuando se publicaban reseñas negativas sobre sus textos, o le hacían preguntas cuestionando sus posturas durante algún congreso o presentación, Ryzsard se incomodaba mucho, de acuerdo con algunas de sus amistades, sentía las críticas como afrentas personales y los cuestionamientos como incomprensión de sus lectores.

Su trabajo dentro del periodismo literario le valió ser invitado desde 1995 por Gabriel García Márquez a impartir junto con él talleres de periodismo.  Junto con las referencias profesionales positivas recogidas de dichos encuentros, coexisten comentarios que destacan el hermetismo de Kapuscinski, quien cuidaba mucho su información personal y no compartía su experiencia durante las revoluciones con los asistentes, se limitaba -según dicen- a revisar los trabajos y crónicas realizadas por los estudiantes, y a hablarles sobre la teoría del periodismo.

De manera similar, muchos de sus conocidos refieren siempre haber tenido la sensación de haberlo conocido profundamente, pero que en realidad apenas conocían unos pocos detalles sobre su vida personal. Kapuscinski era una persona involucrada con los demás, pero que no dejaba que se involucraran con él.

Quizá esta característica acentuó que años más tarde, llegado el nuevo siglo, Kapuscinski sintiera el peso de la soledad añadiéndose a los padecimientos de la vejez, en 2005 escribiría: “Vejez significa entumecimiento: de los músculos, de la manera de pensar. Uno se hunde en sí mismo, se debilita; sus relaciones con el entorno, con el mundo… La cosa se prolonga durante un tiempo, hasta que el entumecimiento se apodere de todo y las relaciones cesen por completo y para siempre. Vejez significa miedo a la soledad…” (Domoslawski, 2010 pp. 601)

Kapuscinski tuvo que dejar de fumar, tenía complicaciones respiratorias tras una vida entera como fumador. La cadera comenzó a ser la principal molestia del escritor, quien no dejó de escribir ni de viajar hasta el último año de su vida. En el mismo año en que escribía la cita anterior, debía ser operado porque ya no podía caminar. No accedió a hacerlo, pero sí a seguir un programa de fisioterapia, asistió durante un año y medio al hospital. Realizaba sus ejercicios durante sus viajes y seguía haciendo planes de nuevos libros.

A finales de 2006 el dolor finalmente lo deja postrado en cama, su médico le receta antidepresivos, su estado de ánimo no solamente es de tristeza, también estalla por cualquier cosa. La frustración y el miedo por la muerte lo hacen apegarse a Alicja quien cuida todo el día de él mientras este lee sobre Oceanía, su nuevo proyecto para viajar.

El 13 de diciembre de 2006, tras un periodo de aparente malestar estomacal, los estudios médicos indican que Ryzsard tenía un tumor en el páncreas, quizá desde hacía tiempo. Lo operan y extraen el tejido canceroso. Y después de la operación tuvo un ataque al corazón. Increíble, pero sobrevive, aunque sea poco más de un mes . Aún internado en el hospital escribe en su diario cada vez entradas más cortas, el 5 de enero del 2007 dice: “Una sensación terrible de impotencia, pierdo el contacto con el mundo, con la luz, con el entorno, con la realidad, todo se aleja, desaparece.”

Murió unos días más tarde, el 23 de enero del mismo año.

Una nota manuscrita encontrada en su estudio parece indicar que Ryzsard Kapuscinski, el autor que decía que para ser periodista había que ser buena persona ante todo, compartía con los psicoanalistas la tesis de que infancia es destino, decía: “Estudiar la psicología del niño equivale a estudiar la psicología del hombre. En el fondo, tan sólo cambia en unas pocas personas con el paso de los años. Las más de las veces, en nuestro interior seguimos siendo niños hasta el final. Sólo que con la piel cada vez más arrugada.” (Domoslawski, 2010 pp. 597)

Ryzsard Kapuscinski: una extraña y exótica combinación de letras, amontonadas en dos conjuntos, que forman el nombre y apellido un escritor y periodista polaco, fallecido en Varsovia en 2007.

Bibliografía

Domoslawski, A. (2014) Kapuscinski Non-Fiction. Editorial Galaxia Gutemberg. Barcelona, España.

Kapuscinski, R. (2006) Ébano. Editorial Anagrama. Madrid, España.

Kapuscinski, R. (2008) Un día más con vida. Editorial Anagrama. Madrid, España.

Kapuscinski, R. (2014) Cristo con un fusil al hombro. Editorial Anagrama. Madrid, España.

Kapuscinski, R. (2014) El Imperio. Editorial Anagrama. Madrid, España.

Nowaka, B. & Zygmunt, Z. (2014) Kapuscinski: Una biografía literaria. Editorial Malabares. Madrid, España.


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