Transfobia en México: La disculpa pública de la Fiscalía General de Justicia

La Historia de un Transfeminicidio

El 30 de septiembre la Fiscalía General de Justicia de la CDMX ofreció una disculpa pública por el mal manejo del caso del transfeminicidio de Paola Buenrostro ocurrido en 2016.

A Paola Buenrostro la mataron porque era una mujer trans. La mató la misoginia y la transfobia de un sociopata que se sintió desengañado al percatarse que la trabajadora sexual que acababa de recoger de la calle «no era una mujer de verdad».
 
Por supuesto no podría quitársele responsabilidad al criminal que ejecutó el disparo que le arrebató la vida a Paola, pero también considero relevante el contexto machista que lo provocó.
 
El mandato de masculinidad se refiere a la necesidad permanente por demostrar la «hombría» para ser considerado un hombre en nuestra cultura.
 
Ser un hombre requiere demostrar fuerza, incluso violencia. Un hombre domina, un hombre no llora, un hombre no se acuesta con otros hombres.
 
El hombre que no demuestra ser «suficientemente hombre» suele padecer violencia y rechazo de sus pares. Así, los hombres que son «hombres de verdad», no pueden cuestionarse sobre sí mismos, su identidad, su placer, su estilo de vida ni sus intereses.
 
El asesino de Paola Buenrostro la mató porque es un criminal, sí. Pero también la mató por sentir cuestionada su hombría por aquel encuentro con una mujer trans.
 
Este es un caso emblemático por muchos motivos, uno de ellos es que es el primero que se reconoce como transfeminicidio, es decir un crimen de odio motivado por la identidad trans de la víctima.
 
Hoy, tras 5 años del crimen y de una incansable lucha de Kenya Cuevas, la Fiscalía de Justicia de la Ciudad de México ofreció una disculpa pública por el manejo del caso.
 
Específicamente por la negligencia en la investigación del caso, por la falta de reconocimiento de la identidad de Paola y Kenya a quienes se les negó el reconocimiento como mujeres por parte del Ministerio Público, y por la ausencia de protocolos con perspectiva de género en la atención del caso.
 
Este reconocimiento Institucional es un pequeño paso en la visibilización de la violencia estructural que viven las personas trans en México. El transfeminicida sigue libre, y muchos otros casos similares siguen impunes.

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